Puede comenzar con una mirada incómoda, una risa fuera de lugar o un empujón que parece aislado. Pero cuando estas acciones se repiten constantemente, dejan de ser incidentes y se convierten en una forma de violencia. Así opera el acoso escolar, también llamado bullying, una dinámica persistente que muchas veces ocurre a la vista de todos, pero sin intervención.
El bullying tiene características claras: existe una intención de hacer daño, las agresiones se repiten en el tiempo y hay un desequilibrio de poder entre quien agrede y quien lo vive. Esta combinación hace que sus efectos no solo sean inmediatos, sino también duraderos en el bienestar emocional y desarrollo de niñas, niños y adolescentes.
“Cuando un niño o una niña sufre bullying, no solo está fallando el colegio, sino todo su entorno. Necesitamos transformar la cultura escolar desde sus raíces, construyendo comunidades donde cada estudiante se sienta seguro, valorado y escuchado”, enfatiza Daniel Yépez, coordinador nacional de educación de World Vision Perú.
Detectarlo a tiempo es clave
Algunas señales que pueden indicar que un niño, niña o adolescente están pasando una situación de bullying incluyen evitar ir al colegio, mostrar cambios en su estado de ánimo como tristeza o irritabilidad, presentar alteraciones en el sueño o el apetito, bajar su rendimiento escolar o aislarse de actividades que antes disfrutaba.
Prevenir el bullying es una responsabilidad compartida. Desde el entorno familiar, es importante generar espacios de confianza donde niñas y niños puedan expresarse con libertad, escuchar sin juzgar y conversar sobre el respeto y la empatía en la convivencia diaria. En la escuela, se requiere promover ambientes seguros, establecer normas claras y actuar de manera oportuna ante cualquier señal de alerta. Entre pares, también hay un rol fundamental: no normalizar burlas o exclusiones, acompañar a quien lo necesita y buscar ayuda cuando algo no está bien.
Para llevarlo a la práctica, algunas acciones concretas pueden marcar la diferencia:
Escuchar, validar lo que siente el niño o niña y buscar apoyo en la escuela son pasos clave. También es importante reforzar que no está solo o sola y que lo que está viviendo puede cambiar.