Worldvision Perú Historias

Génesis y la transformación que empezó en casa

Escrito por Vanessa Cruzado Alvarez | Feb 16, 2026 8:42:26 PM
 

 

A las 6:12 p.m., en la casa de Génesis, una adolescente de 12 años lee en voz alta una página de su cuaderno. Se equivoca en una palabra. Mira de reojo.

 

Su madre está atenta, escuchándola y esboza una sonrisa tierna al acercarse.

 

Hace unos años, quizás le hubiera alzado la voz. Tal vez levantado la mano. O habría dicho que no tenía tiempo.

 

Puede que en esta escena de una madre sentada, una niña leyendo no hay nada distinto. Pero ahí ocurre algo que no siempre estuvo.

 

***

Milagros tiene 26 años y tres hijos. Vive con su esposo, sus hijas e hijo, sus tías y algunos primos en una casa donde el espacio se distribuye según la hora del día. Las tías salen a trabajar. El papá acepta los trabajos que aparecen. Milagros organiza lo demás.

 

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Cuando tenía la edad de Génesis, la estructura de su propia vida era menos estable, donde pasó gran parte con su hermana mayor luego de la separación de sus papás. Después regresó con su madre. Las versiones de cariño eran distintas en cada casa. “Yo reclamaba más atención”, recuerda.

 

A temprana edad se convirtió en madre. Junto a su pareja, tomó la decisión de formar una familia con la intención de ofrecerle a su hija un entorno distinto al que ella había vivido.

 

Migraron del campo a la ciudad de Iquitos, el corazón de la Amazonía peruana, buscando oportunidades. Empezar de nuevo implicó trabajos temporales, rutinas largas y una sensación constante de no saber suficiente. Milagros había estudiado solo primaria. Cuando Génesis y su hermana pedían ayuda con las tareas, ella sentía que algo se le cerraba en el pecho. Prefería levantarse a cocinar, ordenar, hacer cualquier cosa que no la expusiera a esa impotencia.

 

“Renegaba”, dice. “Me desesperaba”.

 

En el colegio, la profesora Jackeline observaba a Génesis: aplicada, silenciosa, correcta. No generaba problemas, pero tampoco parecía cómoda del todo.

 

Las maestras enfrentan a diario un obstáculo que no aparece en los cuadernos: el peso de las experiencias adversas que las y los estudiantes cargan desde casa. La violencia -explícita o sutil- altera la concentración, la memoria, la confianza. No siempre se ve.

 

Fue en una reunión escolar donde Milagros escuchó por primera vez sobre la metodología de Crianza con Ternura, impulsada por World Vision Perú y que en la Amazonía se desarrolla con el apoyo de la Fundación FC Barcelona. La sesión no hablaba de culpas. Hablaba de vínculos. De cómo el estrés y las heridas no resueltas se filtran en la crianza. De cómo es posible romper ese ciclo.

 

 

La ternura parte de un principio: para proteger a niñas y niños, primero hay que fortalecer a quienes los cuidan. Les permite revisar la propia historia, reconocer detonantes emocionales y aprender prácticas de disciplina sin violencia.

 

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En aquella primera sesión, Milagros lloró. Al conocer sobre cómo las experiencias de la niñez influyen en la forma de criar, entendió que muchas de sus reacciones no nacían solo del cansancio del día, sino de historias que nunca se había detenido a mirar. Pudo reconocer cómo trataba a sus hijas, cómo la trataron a ella.

 

Volvió la semana siguiente.

 

***

Los cambios no fueron inmediatos. La práctica ayudó.

Antes de gritar, respirar.
Antes de castigar, preguntar.
Sentarse aunque el cuerpo esté cansado.

 

“Ahora cantamos”, dice Milagros. “Jugamos”. A veces sus hijos la corrigen a ella: “Mamá, escúchanos”. Y ella intenta hacerlo.

 

En el aula, la profesora Jackeline empezó a notar cambios. Y Génesis le cuenta todo su día a su mamá. Es su momento favorito del día.

 

Cuando un niño o niña crece en un entorno sin violencia, el cuerpo también cambia: disminuye el estrés crónico, mejora la capacidad de concentración, se amplía la tolerancia a la frustración. Las maestras lo ven.

 

Génesis lo explica de otra manera: “Lo más bonito es que mi mamá esté conmigo cuando hago las tareas. Se siente bien”.

 

 

En la casa, aún hay retos en temas económicos. La ciudad no se volvió más fácil.

 

Lo que sí cambió fue la escena de las 6:12 de la tarde.

 

Milagros no levanta la mano. No reniega. No se frustra.

 

En un país donde la violencia en la crianza suele justificarse como método, que una madre decida no repetir lo aprendido no es un gesto menor. Hay conciencia, consistencia y mucha práctica. Así como Milagros y Génesis, más de 35 mil personas, entre niños, niñas, adolescentes, voluntarias y personas adultas, cuentan con herramientas para su protección frente a cualquier forma de violencia gracias a las capacitaciones a nivel nacional en la metodología de World Vision Perú durante el 2025.

 

El cambio, aquí, no es una promesa futura: es una madre que escucha a su hija, una niña que ya no estudia sola, y un vínculo tierno que se va haciendo más fuerte.

 

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