Luna tiene 17 años y una sonrisa que siempre está. En cada presentación camina despacio, respira hondo y toma su lugar frente al micro. No parece nerviosa. Está lista. Lista para contar que una adolescente con síndrome de Down puede escribir, publicar y firmar libros. Su más reciente obra, Retrato de una escritora especial, es algo más que un título: en cada página, Luna escribe sobre su historia, sus emociones y la forma singular con la observa el mundo.
Luna nació en Trujillo, una ciudad al norte del país donde el sol aparece temprano, pero donde las oportunidades para adolescentes -sobre todo para quienes viven en situación de discapacidad- no siempre lo hacen. En casa, sin embargo, las historias nunca faltaron. Eran las que le leían, las que ella escribía y las que su mamá, Ysela, le contaba mientras la acompañaba en sus recorridos como voluntaria comunitaria, dando seguimiento a la salud y educación de niñas, niños y adolescentes en su zona.
Fue Ysela quien vio el brillo primero. “Ella siempre tuvo algo que decir”, recuerda. “El reto era encontrar el espacio donde pudiera decirlo”. Ese espacio llegó cuando Luna ingresó, hace tres años, al programa Youth Ready, una iniciativa de World Vision que fortalece habilidades para la vida, el empleo, el emprendimiento y la ciudadanía en jóvenes -incluyendo a quienes viven con diferentes tipos de discapacidad- para que puedan desarrollar su proyecto de vida.
En Youth Ready, las y los participantes recorren módulos como ¿Quién soy?, Listos para el empleo, Listos para el emprendimiento y Listos para la ciudadanía. La propuesta va más allá de una capacitación: invita a cada joven a descubrir su voz, su propósito y su capacidad de tomar decisiones informadas. Para Luna fue como abrir una caja de herramientas que le permitió empezó a escribir más.
Gracias a alianzas con instituciones locales y empresas, Youth Ready trabaja hoy con más de 500 adolescentes y jóvenes con discapacidad en Lima, Ayacucho, Loreto y La Libertad, promoviendo autonomía, creatividad y participación social. Luna es una de ellas; una de las que usan esa plataforma no solo para aprender, sino para crear.
Cuando presentó su libro en la Feria Internacional del Libro de Lima, la sala estaba llena. A un costado, Ysela tomaba fotos con ojos orgullosos. Al otro, una fila de lectoras y lectores esperaba con ejemplares entre las manos. Luna sostenía su libro como si fuera un tesoro, además de su Labubu morado de la suerte.
Luna ya encontró su voz. Ahora escribe para que la escuchen. Y el público está más que listo.