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Alejandro Cussiánovich: "Somos una sociedad marcada por la cultura tutelar"

Entrevista al sacerdote y docente experto en crianza con ternura

Martes, 25 de junio 2019 6:27 pm
hace 3 semanas
PorPierre Gutierrez

Ni los casi 80 abriles en su haber, ni el cegador sol ayacuchano que la mañana del viernes 21 de junio nos acompañó, ni mucho menos el desconocimiento de donde se llevaba a cabo su ponencia fueron obstáculos para que Alejandro Cussiánovich interrumpiera su camino. Decidido a iluminarnos con sus enseñanzas sobre crianza con ternura, el sacerdote y docente siguió hacia adelante.

Pierre, ¿sabes dónde es el evento?, me preguntó.

Me parece que es justo aquí, señor Cussiánovich. En el Hotel Plaza.

¿Cuál señor? ¡Dime Alejandro!

Después de una muy aplaudida conferencia magistral sobre Pedagogía de la ternura, el experto de la crianza con ternura tuvo la amabilidad de concedernos una entrevista. Esta es la conversación.

¿Cuál sería el rol de los docentes para promover la ternura en los colegios?

La escuela formalmente está concebida como un espacio de sociabilización de las criaturas, pero desafortunadamente, y lo tengo que decir porque soy docente también, tenemos 400 mil docentes, pero la pregunta es, ¿cuántos son educadores? No es lo mismo. En la formación inicial hay que insistir porque se ponga el acento en la necesidad de concebirse como educadores de niños, niñas y adolescentes. No solo para ser instructores, y esto supone una mirada distinta sobre los niños. Que no tiene que ser una mirada compasionista. En la ternura hay exigencias, en el docente es una responsabilidad el intentar articular un vínculo que esté cargado de afectuosidad. Porque puede ser interpretado como un tema de sometimiento de flexibilidad o de apañamiento.

El complicado meter el tema de la ternura en la mente de la sociedad peruana porque somos muy conservadores y aún creemos en el castigo físico…

Es verdad.

Entonces, ¿cómo podemos implementar esta filosofía de ternura en el chip de la sociedad?

Somos una sociedad marcada por la cultura tutelar. Pensamos que los adultos tenemos que cuidar a los niños. Pero detrás de la palabra cuidar está el disciplinar y controlar. Como diría Michel Foucault, somos una sociedad de vigilar y castigar. Esto está más allá de la voluntad de un padre, madre o maestro. Somos sociedades de control peor aún con la inseguridad ciudadana. El rigor y el recurso a la disciplina es uno para decir: Hay que corregir y controlar. Por ejemplo, hay maestros que le dicen a los papás: ¡Usted no controla a su hijo en la casa! ¡En su casa hace lo que quiere y cree que en el colegio va a ser lo mismo!

¿Cuál sería la alternativa entonces?

La alternativa no está solo en el trato personal, sería en cómo esta sociedad cambia de chip. El tema no es el tutelaje sino el desarrollo de la autonomía de cada criatura. Para que se den cuenta de las cosas por su propia voluntad. Esto toma más tiempo en comparación a decirle cómo es que tiene que comportarse e indicarle qué es lo prohibido y lo aceptado.

¿Podría dar algún ejemplo concreto de cómo aplicar esta otra alternativa en lugar del control y el castigo?

Claro. Por ejemplo, algo que me parece positivo es la creación de las DESNAS. Las defensorías del niño y adolescentes en las escuelas. Si maltratan a una niña en el recreo, van a llamar a los maltratadores y van a preguntar qué pasó. Van a hablar con la víctima y después le van a preguntar a todos cómo se sienten. Ellos no hacen un juicio, hacen todo un proceso de diálogo y levantan un acta que luego es presentada al director y luego él ve cómo procede con la DEMUNA. Hay que hacer intervenir a los niños para que entiendan que no solo son productores de derechos cuando fijan las normas de convivencia, sino que también deben estar atentos cuando se violentan los derechos de los chicos.

En ese escenario los chicos son parte de la solución…

Así es. Y cuando sean mayores ojalá que con sus hijos continúen con esa labor.

Durante su ponencia mencionó una relación entre la falta de crianza con ternura y un posible rebrote mayor del terrorismo. ¿Es así?

No es solo de los grupos alzados en armas. Es también del Estado. En la memoria ahora queda: Terrorismo = Sendero Luminoso o MRTA o cualquier divergente que está en contra del modelo. Y dos, es una objeción que se hace. “Aquí no hay disciplina. A ese profesor le bailan en la cabeza”, dicen. Entonces, indirectamente estos van a ser unos rebeldes y harán lo que les dé la gana. Y pueden venir formas de violencia. Existe un libro de un teólogo brasileño que se titula “Ternura y vigor”. ¿Cómo articular las dos cosas? No hay fórmula fácil. La exigencia no niega el cariño, pero a veces uno tiene que reservar ciertas formas. Utilizamos gestos que debieran expresar afecto y cariño  para traicionar. Cuando Jesús le dice a Judas: ¿Con un beso me entregas? El beso indica otra cosa, pero lo está utilizando para entregar a alguien. La ternura es una categoría confusa, semántica que tiene muchos sentidos: buenos y riesgosos. Además, es profundamente ambigua. Va a depender del contexto.

¿Cuál es el rol de las personas de la tercera edad en la crianza de los niños? Usualmente pensamos que el abuelito es el que engríe y apaña las malcriadeces…

Pero por otro lado, los niños escuchan más a sus abuelos que a un padre autoritario o a una madre machista. Incluso, estando ambos padres en casa se puede dar esta situación. El abuelo es un refugio, si el abuelo tiene criterio, compensa. También se decía que “el padre tiene que ser firme y la madre es la que concede”. Pero esa división social de los roles hay que revisarlos, porque en los hogares monoparentales quien hace los dos papeles es la mamá. Hay que trabajar con los viejos que son cuidadores, no solo con maestros y padres de familia. Hay que trabajar con los que se quedan en casa durante horas y horas al cuidado de los niños.

Pero existen riesgos…

Sí. Un muchacho podría decir: ¡Bah! ¡A mi abuelo lo engaño y a la miércoles! No va por ahí. Pero son riesgos. El discurso de la ternura es un discurso ambiguo, va a depender del contexto en el que se da.

¿No es un discurso que se aplica al 100%?

No. Para mí, no. Porque si no, terminamos apapachando y concediendo sin querer, bajo el pretexto del amor, del cariño y de que hay que tener paciencia con la criatura. Aprender límites es uno de los temas más delicados en la familia, el barrio y la comunidad.

Tags: Crianza con ternura
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