Historias y Testimonios

"Éramos ricos y no lo sabíamos"

Migrantes venezolanos miran con esperanza su nueva vida en el Perú

Sábado, 29 de junio 2019 12:04 pm
hace 5 meses
PorPierre Gutierrez

Tumbes, ciudad ubicada al norte del Perú es encantadora como poderosa. La región te invita conectarte con la naturaleza, degustar su variada gastronomía, acompañado de la arena blanca de las playas de Zorritos y Punta Sal. Un paraíso norteño para todos aquellos que buscan un momento de tranquilidad y relajo.

Para miles de migrantes venezolanos, estos atributos geográficos del Perú están totalmente fuera de su alcance cuando ingresan a la ciudad de los balnearios. Llegan cargados de maletas que solo alcanzan a llevar ropa, pero van repletas de la esperanza de tener un mejor futuro.

En la plaza central, Mercedes (65), Diego (17) y José (19) vuelven a encontrarse. Ellos no son familia, pero tienen algo en común: han venido al Perú con el propósito de rehacer su vida y la de sus familias.

La realidad es que, el país que alguna vez fue el más rico de América Latina, no se encuentra ya mismo en condiciones de alimentar a su propio pueblo. La vida en Tumbes no ha sido fácil pero les ha tratado mejor. “Comemos mucho mejor que en Venezuela. Llegué con 45 kilos y los niños llegaron en estado de desnutrición”, señala Mercedes quién llegó en un viaje de seis días acompañada de sus tres nietos. Su hija tuvo la suerte de conseguir rápidamente un trabajo en un restaurante. “A los tres meses, una señora le hizo un préstamo de 400 soles (120 USD) y ella jugó a eso que le llaman “la junta” y le tocó el primer número. Con eso ayudó para que nosotros pudiéramos venir”, agregó Mercedes.

José agradece la incansable solidaridad que le brindaron durante su tránsito. “Mi viaje no fue tan difícil gracias al apoyo que me brindaron algunas organizaciones”. Él ya cuenta con permiso de estancia y trabajo en el Perú. Inmediatamente comenzó a vender comida rápida en la frontera. Ahorró centavo a centavo para poder traer a su abuelo y vivir con él. Aún tiene una tarea pendiente, traer a su mamá y sus dos hermanos. “Con lo que gano acá me alcanza para el tratamiento que recibe mi madre por la tiroides, puedo enviarle el dinero hasta Venezuela. Trato de cumplir como todo buen hijo”.

Ese trabajo le permitió conocer a Diego, quién llegó con su madre vendiendo todo para poder conseguir dinero para el viaje. “Él estaba vendiendo kekes (pastelillos) y maracuyá en la calle. No era casualidad porque ya lo había visto por ahí. Un día le invité a comer una hamburguesa en el restaurante donde laboro”, relató José. Tenían algo más en común, prácticamente son de la misma edad y ambos venían del estado venezolano Trujillo.

Durante décadas, los venezolanos fueron calificados como los más ricos de la región. Una economía robusta hoy parece ser solo una sombra. La realidad los trata de manera diferente. “Me da mucha tristeza ver a los compatriotas comiendo de los contenedores. Me genera mucha preocupación por cómo subsisten las personas”, señala Mercedes mientras comenta que aquí, en la tierra de los incas, pueden comer hasta con un sol (30 centavos USD), cosa impensada en el país llanero. “Éramos ricos y no lo sabíamos”, agregó.

Sin mirar atrás, pero con una fe inspiradora de que su país volverá a surgir, José dice con ánimo: “deseo tener una mayor estabilidad aquí, una mejor aceptación para los venezolanos que vienen a Tumbes, ojalá pudiéramos recibir facilidades para tramitar todos los papeles que necesitamos. Quiero iniciar mis estudios universitarios en Perú”, recordando los dos años de ingeniería civil que tuvo que interrumpir en Venezuela.

Las ciudades y países vecinos han acogido con solidaridad a cientos de miles de venezolanos. José quiere pagar con la misma moneda que recibió. “He dado refugio a muchos venezolanos en mi casa. Ellos son muy agradecidos hasta con un baño. Mi jefe peruano es muy solidario y ayuda también. Mientras Dios me permita seguiré apoyando a mis compatriotas”, agregó José, quien a lado de Diego saben que cargan con una enorme responsabilidad pero no dejan de vivir, sonreír y soñar con todo el derecho que les otorga su juventud.

Ellos saben que la lucha continúa. Su mensaje es contundente: “Nosotros ansiamos que Venezuela resurja. En tanto eso sucede, todos los que vayan a otro país, vengan con la convicción de trabajar y ayudar. Debemos demostrar nuestra educación, nuestros valores y dar el respeto que merece estar aquí. El Perú nos ha tratado muy bien”, concluyó Mercedes mientras abraza a José y Diego; su nueva familia venezolana.

En medio de esta crisis, desde World Vision Perú tenemos la firme convicción de hacer más ligero y seguro el viaje para los migrantes, especialmente para los niños y las niñas. El próximo mes de julio arrancaremos con la implementación de comedores y la entrega de asistencia humanitaria que les permite a las familias en tránsito (como la de José, Diego o Mercedes) adquirir alimentos, medicamentos o pasajes. Se estima que beneficiaremos a 7 mil personas en Tumbes, La Libertad y Lima, al mismo tiempo, que continúan los Espacios Amigables para la Niñez.   

Tags: World Vision Perú Tumbes Migración venezolana
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