Historias y Testimonios

Yo lo hago por David

Cuando David cumplió un año, se dieron cuenta que David no podía ver  y cuando fueron al médico, este solo le confirmó lo que ellos temían: David tenía discapacidad visual.

Viernes, 27 de noviembre 2020 1:40 pm
hace 8 meses
PorWorld Vision en Perú

Entre el cielo despejado y las imponentes montañas de la sierra del Perú, se tiene la creencia de que la discapacidad es un castigo de Dios o el producto de una brujería. Debido a esos mitos, los padres suelen mantener a los niños con discapacidad dentro de sus casas y tan sobreprotegidos que muchas veces no les permiten asomarse a sus ventanas.

En medio de este contraste; hace nueve años nace David. La melancolía de los sonidos andinos se detuvieron aquel 12 de octubre y en su casa todo fue alegría. Reyna y Alcides, sus padres, no podían estar más orgullosos, el menor de sus hijos había nacido sanito y fuerte como la pachamama[1], su sonrisa era tan brillante como la pachatata[2] y su llanto tan alto como el sonido melodioso del urpi[3].

David creció rodeado del amor de sus padres y hermanos. Reyna y Alcides veían crecer a sus hijos fuertes y aplicaban todos los consejos de nutrición que World Vision les daban para luchar contra la anemia, un mal muy común en Quinua, Ayacucho. Gracias a World Vision, muchas niñas y niños ayacuchanos pueden recibir una educación de calidad, tener centros de salud adecuados y crecer libres de violencia. Ivan y Angel, hermanos de David, son niños patrocinados por World Vision y beneficiados por sus programas; por ello, Reyna y Alcides tenían los mismos cuidados con David.

Sin embargo, cuando David cumplió un año, algo les llamaba la atención. Se dieron cuenta que David no podía ver  y cuando fueron al médico, este solo le confirmó lo que ellos temían: David tenía discapacidad visual. “Cuando el doctor nos dijo eso, sentimos la tristeza más profunda, no entendíamos porqué nos pasaba esto si todos mis hijos eran sanitos. Nos daba pena mi hijito, no podía ver como sus hermanos. Pensamos que era castigo de Dios o quizá brujería”, recuerda Alcides.

“Castigo de Dios”, “brujería” y “enfermedad” son los mitos generalizados que existen respecto a la discapacidad en la comunidad donde nació y creció David. “Lo sobreprotegíamos mucho por el miedo que sentíamos, no lo dejábamos salir de casa, a veces se quedaba ahí solito. Nuestro miedo aumentó más cuando en el colegio nos decían que siempre iba a tener dificultades y eso no daba mucha pena”, dice Alcides.

Sin embargo, la familia de David vio una luz en el túnel cuando World Vision supo del caso de David debido a que siempre hacen seguimiento a las familias de los niños patrocinados. “World Vision nos cambió la forma de ver a David y tratar su discapacidad, sus palabras siempre fueron positivas y muy diferentes a las que nos decían en el colegio. Ellos nos llevaron a un taller de Crianza con ternura y eso nos cambió la vida” relata Alcides, quien primero desaprendió todos los mitos y creencias respecto a la discapacidad y poco a poco aprendía la importancia de escuchar a sus hijos, de acompañarlos en todo momento y a dejar que sean independientes.

“No puedo creer cómo ha cambiado tanto las cosas. Hoy pienso totalmente diferente a como pensaba hace 8 años, David va solo al colegio, sale al parque y los vecinos lo conocen y hasta me apoyan a cuidarlo” dice Alcides. Y es que cuando la mentalidad y las acciones de una familia cambian, las mentalidades y acciones de la gente que está a su alrededor, también lo hacen. Es ahí donde radica el poder de la transformación.

“No tengo cómo agradecer a World Vision, ellos cambiaron mi vida a esperanza y amor. Todos en la comunidad saben que World Vision se preocupa por los niños y porque crezcan felices y libres de violencia. Trabajan en los colegios, en los centros de salud y hacen talleres a familias. Ellos apoyan a los más necesitados y pobres como yo, nunca se niegan a nada. Gracias a Dios siguen aquí con nosotros, son como nuestra familia”

Como el rey bíblico, el pequeño David hace honor a su nombre, es valiente y no se amilana ante las adversidades de la vida. Uno de sus mayores retos en sus cortos 9 años fue aprender a leer, y lo logró. World Vision disfrutó ser parte de ese proceso y le regaló a David materiales en braile. Lo primero que aprendió con ellos fue leer las vocales, luego siguió el abecedario. Ahora David lee cuentos y suma y resta como cualquier niño de su edad.

David también disfruta el arte y World Vision es su compañero de sueños. Es así como tuvo el regalo más esperado por cualquier niño: instrumentos musicales. Una guitarra y una flauta fueron puestos en las manos de David y aunque aprendió a tocar ambos, la química con la guitarra fue amor al primer sonido.

“Cuando sea grande quiero ser profesor para ayudar a niños ciegos y también quiero cantar y tocar la guitarra. Cuando World Vision me entregó la guitarra, estaba feliz. Yo puedo escuchar a lo lejos y me gusta el sonido de las cuerdas. Poco a poco seguiré aprendiendo más para ser profesional y ayudar a mis padres”, dice emocionado David.

“Ahora sé que Dios tiene sus planes para mi hijo y mi familia. David tiene sueños y sé que se harán realidad, aunque a veces me gane la tristeza porque no quiero dejarlo nunca, estoy seguro que si no estoy habrá personas o instituciones como World Vision que lo cuidaran”, dice Alcides agradecido. Sin embargo, cuando la pandemia del coronavirus llegó a Ayacucho, el miedo a perderlo todo y a lo desconocido volvía a aparecer.

“Al principio nos ganó la desesperación pero recibí llamadas de la trabajadora de World Visión quien nos informó acerca del cuidado que debemos tener y la forma correcta para protegernos; eso nos calmó. Dejé de trabajar porque yo soy artesano pero gracias a Dios recibí el bono solidario de World Vision con el que pudimos comprar alimentos y no pasar hambre. Ahora me dedico a la chacra y sembrar algunos granos, siempre agradeciendo a Dios por estar sanos” relata Alcides.

World Vision Perú trabaja transformando la vida de muchas niñas, niños y adolescentes, y junto con ellos, la realidad de sus familias y comunidades. La historia de David, es una de muchas, que gracias a personas solidarias como los patrocinadores, tienen finales felices. Alcides no deja de agradecer el apoyo brindado a su familia pero sobretodo, el respeto, la preocupación y el cariño que reciben de los facilitadores de World Vision Perú.

Gracias al apoyo y el trabajo de muchas personas solidarias, David podrá seguir estudiando con los materiales adecuados para él, continuará tocando su guitarra y cantando por todo el campo en compañía de su perrito Travis mientras respiran el aire puro de su querido Ayacucho, seguirá disfrutando de las celebraciones de Navidad que organiza World Vision en su comunidad y responderá lo mismo cuando le preguntan cómo se siente: “Estoy muy feliz”

 

[1] Pachamama significa “Madre Tierra”

[2] Pachatata significa “Padre cielo”

[3] Urpi significa “Paloma” que alegra los campos con sus cantos

Tags: crianza con ternura protección transformación Niñez World Vision Perú
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