A veces el bullying no empieza con agresiones. Puede iniciar con una burla que todos celebran, un apodo que “parece broma”, un video compartido en un grupo o alguien que decide quedarse callado para no meterse en problemas. Y aunque parezca pequeño, ese silencio también puede hacer daño.
“El bullying afecta la autoestima, la salud mental y la sensación de seguridad de niñas, niños y adolescentes. Puede ocurrir en el aula, en redes sociales, en videojuegos o chats grupales, y muchas veces quienes lo viven sienten miedo de hablar porque creen que nadie los va a escuchar”, agrega Daniel Yépez, coordinador de Educación de World Vision Perú.
Ser testigo pasivo no te hace neutral. Cuando alguien humilla, excluye o agrede a otra persona y el resto se ríe, comparte el contenido o simplemente mira hacia otro lado, el daño continúa.
Entonces, ¿qué sí puedes hacer?
Recuerda que bromear no es lo mismo que humillar. Si alguien se siente herido, asustado o excluido constantemente, no es “solo una broma”.
El cambio también empieza en el salón
Crear espacios seguros no depende solo de una persona. También implica que escuelas, familias y estudiantes aprendan a relacionarse desde el respeto y la empatía. Escuchar, acompañar y actuar a tiempo puede evitar que una situación empeore.