Más que un gol: lo que el fútbol puede enseñar a la niñez
World Vision Perú
viernes 12 de junio - 2026
Cada vez que el fútbol vuelve a ocupar las conversaciones, especialmente ahora con el Mundial de Fútbol 2026, en las calles, las casas y los colegios solemos hablar de goles, estrategias, jugadores o resultados. Pocas veces nos detenemos a pensar qué hace el deporte por el bienestar de niñas, niños y adolescentes.
Desde World Vision Perú creemos que el deporte, especialmente en un país futbolero como el nuestro, puede convertirse en un espacio de encuentro, aprendizaje y protección para la niñez.
El juego es una experiencia natural: nadie nos enseña a jugar. Lo hacemos porque es una necesidad humana tan esencial como aprender, explorar o relacionarse con otras personas. Diversos estudios en neurociencia han mostrado de que el juego está profundamente relacionado con emociones positivas (como la alegría), y contribuyendo al bienestar emocional y al desarrollo saludable durante la niñez.
Por eso, cuando hablamos de fútbol, hablamos también de bienestar. De ser –o convertirse en- una experiencia que puede ayudar a niñas, niños y adolescentes a liberar tensiones, manejar el estrés, fortalecer su autoestima y encontrar espacios seguros para expresarse.
En contextos donde muchas veces las niñas y niños enfrentan situaciones de violencia, incertidumbre o dificultades económicas, el deporte puede convertirse en un factor protector. Sabemos que un partido de fútbol no resuelve por sí solo los desafíos que enfrentan las familias, pero sí puede ofrecer algo muy valioso: una experiencia de pertenencia, confianza y esperanza.
Hay una característica especial en el fútbol y es que se juega en equipo. Eso enseña a la niñez que los logros no dependen únicamente de una persona, sino de la capacidad de colaborar, escuchar, respetar y construir junto a otros. En una sociedad donde a menudo se promueve la competencia individual, el deporte nos recuerda la importancia de avanzar colectivamente.
Para que el deporte cumpla ese rol transformador, eso sí, es importante tener presente que el objetivo principal no debería ser únicamente ganar. Cuando la competencia se vuelve el centro de todo, el juego pierde parte de su valor educativo y humano. La presión excesiva puede generar frustración, ansiedad o conductas agresivas que terminan alejando a niñas, niños y adolescentes de los beneficios que el deporte puede ofrecer.
Por el contrario, cuando el fútbol se vive como una oportunidad para disfrutar, aprender y compartir, se convierte en una herramienta poderosa para fortalecer habilidades para la vida. La perseverancia, la empatía, el respeto por las diferencias, la resolución pacífica de conflictos y la confianza en uno mismo son aprendizajes que nos acompañan más allá de la cancha.
Esa mirada inspira iniciativas como Me pongo la 10 por la Niñez, la campaña de World Vision en Latinoamérica y El Caribe que busca movilizar a personas, organizaciones y comunidades para que la protección y el bienestar de niñas, niños y adolescentes ocupen el lugar que merecen. Así como en el fútbol el número 10 suele representar a quien ayuda a construir el juego colectivo, hoy necesitamos más personas dispuestas a sumar esfuerzos para que cada niña y niño pueda desarrollar todo su potencial.
El mejor resultado no siempre aparece en el marcador. Lo vemos cuando una niña gana confianza para participar, cuando un adolescente descubre nuevas capacidades, o cuando un grupo de niños aprende que el respeto y la colaboración también son formas de ganar. Y ese triunfo vale más que cualquier copa.
