Leer sin miedo: Mariana y una nueva forma de aprender en la Amazonía
Vanessa Cruzado Alvarez
lunes 27 de abril - 2026Había algo que Marianita hacía siempre que la profesora pedía leer en voz alta: se encogía. Era algo más parecido al miedo de equivocarse delante de todos, de que las palabras se escucharan diferente. Tenía dificultades en el lenguaje y cargaba esa mochila sola, en silencio, en cada clase.
Su historia pudo ser como la de cualquier niña que vive en Punchana, un distrito al norte de Iquitos donde aprender a leer bien no siempre es sencillo. En Loreto, solo el 12.8% de estudiantes de cuarto grado alcanza un nivel satisfactorio en comprensión lectora, la cifra más baja del país (Evaluación Nacional de Aprendizaje 2024). Es decir que cerca del 90% de los niños y niñas loretanos de cuarto grado no comprende lo que lee al nivel esperado para su edad.
Detrás de ese dato hay aulas con pocos materiales, docentes que trabajan con recursos mínimos, familias donde la educación formal fue, durante generaciones, una puerta que nunca se abrió del todo. Y sobre todo eso, una brecha que los datos nacionales no siempre hacen visible: ser niña en la Amazonía implica cargar, además, con expectativas que suelen recortar el horizonte antes de que empiece.
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Hoy Marianita tiene 12 años, cursa el primer grado y habla con una seguridad que sus maestras reconocen, aún con asombro. No solo lee mejor. Levanta la mano. Participa. Se equivoca, sí, pero sin temor. Y cuando le preguntan qué quiere ser de grande, responde, sin dudar, en ser astronauta. O diseñadora gráfica. Quizás las dos cosas.
Ese cambio empezó cuando, con el apoyo de la Fundación FC Barcelona y Scotiabank, en la Amazonía World Vision empezó a implementar un enfoque integral que combina educación y protección con ternura, fortaleciendo la lectura en niñas y niños, la crianza en sus familias y las capacidades de docentes.
En su colegio, por ejemplo, partieron con Unlock Literacy, una metodología de World Vision que parte de algo simple: antes de aprender a leer bien, las y los estudiantes necesitan descubrir que quiere hacerlo.
Para hacerlo posible, las aulas recibieron tablets con acceso a Booksmart, una aplicación gratuita con más de 150 libros digitales adaptados al contexto local, con historias cercanas a la vida amazónica y niveles progresivos de lectura. La aplicación funciona sin conexión a internet después de la descarga inicial, algo que no es un detalle menor en zonas donde la señal es un lujo intermitente.
Las maestras de Marianita fueron capacitadas en esta metodología. Y lo que encontraron fue que el cambio no venía solo de los libros, sino de la combinación entre herramientas nuevas, acompañamiento cercano y algo que pocas veces entra en los indicadores educativos — sentirse vista.
Lo que hizo diferente la historia de Marianita no ocurrió solo en el colegio, sino también en su casa.
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Su mamá descargó la aplicación Booksmart en su celular. La abuela, la tía y los primos empezaron a practicar lecturas con ella en las tardes. Esa red -cotidiana, tejida con lo que había- permitió reforzar lo que aprendía en cada clase.
A través de las Escuelas de Ternura, un espacio dirigido a madres, padres y cuidadores, la familia de Marianita aprendió algo que va más allá de la lectura: a validar sus emociones, a demostrar afecto, a entender que la crianza con ternura no es permisividad sino presencia. La relación entre Marianita y su madre cambió. Hoy se hablan diferente. Se escuchan.
Eso importa especialmente para una niña que creció con miedo a equivocarse: saber que en casa tampoco se la juzga, que el error no tiene consecuencias que duelan, es parte de lo que le permitió soltar esa mochila.
Marianita aprendió a leer no solo con los ojos sino con el cuerpo entero: levantando la mano, eligiendo su libro, equivocándose sin miedo, soñando en voz alta.
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